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El truco de la tercera opción absurda

Cuando te sientes atrapado entre dos decisiones difíciles, hay un atajo mental poco conocido que rompe el bloqueo al instante.

Te cuento algo…

2 min de lecturaEscrita con apoyo de IA

Te cuento algo sobre cómo toma decisiones tu cerebro cuando siente que está acorralado. Imagina la escena: llevas media hora delante de la pantalla dudando entre dos caminos igual de complicados. Cambiar de empleo o aguantar un año más, pedir perdón o dejar que la distancia enfríe las cosas, cenar algo sano o pedir comida a domicilio. Tu mente entra en un bucle cerrado donde solo existen dos puertas y ninguna convence.

Creemos que somos seres racionales analizando listas de pros y contras. En realidad, caemos con frecuencia en la trampa del dilema binario. Nos acorralamos a nosotros mismos entre dos únicas alternativas porque simplifica la realidad, aunque sea a costa de bloquearnos. Cuando la lógica no encuentra salida, la ansiedad toma el mando.

Ahí es donde entra una pequeña maniobra que utilizaba un veterano psicólogo con sus pacientes desbordados. Cada vez que alguien aseguraba estar atrapado entre la opción A y la opción B, les prohibía categóricamente elegir cualquiera de las dos. Tenían que inventarse al momento una tercera vía, por absurda o ridícula que resultase.

No importaba si la propuesta disparatada era mudar su residencia a una isla remota o cenar un cuenco de cereales de colores. Lo valioso no era la viabilidad de esa alternativa estrafalaria, sino el efecto inmediato que causaba en la tensión mental. Al introducir un elemento rozando el absurdo, el choque frontal entre las dos primeras opciones desaparecía.

El motivo es sencillo: el cerebro aborrece las falsas dicotomías. Al obligarlo a imaginar una salida alternativa, rompes la sensación de claustrofobia y la mente desactiva la señal de amenaza. De pronto, vuelves a analizar las dos posibilidades originales con calma, sin la presión sofocante del todo o nada.

La próxima vez que sientas que la vida te acorrala entre dos paredes estrechas, inventa una puerta dibujada en la pared. Agrega una tercera opción descabellada solo para romper el hechizo del bloqueo. Te dará la perspectiva justa para recordar que casi nunca hay solo dos caminos.

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