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El montón de piedras que salvó la mente de Darwin

Charles Darwin tenía un truco físico para no darle vueltas infinitas a las cosas. Un hábito simple que hoy la neurociencia respalda plenamente.

Te cuento algo…

3 min de lecturaEscrita con apoyo de IA

Te cuento algo que seguro no sabías sobre cómo Charles Darwin tomaba las decisiones más difíciles de su vida sin volverse loco. Imagina la escena en la década de mil ochocientos cincuenta: el naturalista más influyente de la época, aterrorizado por las implicaciones sociales de su teoría sobre la evolución, caminaba en círculos obsesivamente por el jardín de su casa.

Para no perder la cabeza entre dudas infinitas, mandó construir en su finca de Kent un sendero de grava bordeado de árboles al que llamó su camino para pensar. Sin embargo, no se limitaba a pasear esperando que la inspiración cayera del cielo. Darwin diseñó un ingenioso sistema físico para frenar la rumiación mental y el desgaste de tomar decisiones.

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