La regla de los dos minutos que me devolvió las mañanas
No necesité una rutina perfecta. Solo empezar cualquier cosa durante dos minutos y ver qué pasaba.
Clara Ruiz
2 min de lectura
Durante años intenté cambiar mis mañanas con planes ambiciosos: levantarme a las cinco, meditar, correr, escribir. Duraba tres días. Luego, culpa. Un día probé algo ridículo. Me prometí que haría cada cosa solo dos minutos. Dos minutos de estiramientos. Dos minutos de escribir. Dos minutos de leer. Lo curioso es que casi nunca me detenía a los dos minutos. Lo difícil no era hacer la actividad, era empezarla. Una vez dentro, seguir era mucho más fácil. Ahora no tengo una rutina perfecta. Tengo algo mejor: la certeza de que puedo empezar cuando quiera, aunque sea un poco. Y casi siempre, ese poco se convierte en bastante.