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El hombre que midió la Tierra con un palo

Hace más de 2.200 años, Eratóstenes calculó el tamaño del planeta con una sombra, un pozo y mucha paciencia.

Andrés Ortega

3 min de lectura

Eratóstenes dirigía la Biblioteca de Alejandría cuando leyó algo que le intrigó. En Siena, una ciudad del sur de Egipto, el día del solsticio de verano el sol iluminaba el fondo de un pozo a mediodía. Ni una sombra. En Alejandría, el mismo día y a la misma hora, un simple palo clavado en el suelo sí proyectaba sombra. Si la Tierra fuera plana, las dos sombras serían iguales. No lo eran. Midió el ángulo de aquella sombra: unos 7,2 grados, aproximadamente una quincuagésima parte de un círculo completo. Si la distancia entre ambas ciudades era de unos 5.000 estadios, la circunferencia total debía ser cincuenta veces mayor. El resultado: alrededor de 250.000 estadios. Según la equivalencia que se use para esa unidad, su error estuvo entre el 1 % y el 15 %. Un margen asombroso para alguien que trabajaba sin satélites ni cronómetros. La lección es preciosa: a veces no hace falta un instrumento nuevo, solo mirar con más atención lo que otros ya veían todos los días.

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