El cartel de “Cerrado por vacaciones” que duró veinte años
La tienda de mi barrio cerró un agosto, y el cartel nunca se retiró. Hasta que descubrí por qué.
Mateo Vidal
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En mi calle había una pequeña mercería. La regentaba una mujer discreta, doña Amparo, que arreglaba cremalleras y vendía botones de todos los tamaños. Una mañana de agosto apareció un cartel escrito a mano: “Cerrado por vacaciones”. Pasó septiembre. Luego el invierno. El cartel seguía ahí, amarillento, y las persianas bajadas. Los vecinos decían que se había mudado con su hija. Otros, que estaba enferma. Nadie lo sabía con certeza. Veinte años después, un pintor que reformaba el local contó que en el cajón del mostrador había encontrado un cuaderno. En la última página, con la letra de doña Amparo, ponía: “Me voy a conocer el mar. Si vuelvo, abro”. Nunca supimos si lo vio. Pero desde entonces, cada vez que veo un cartel de vacaciones, sonrío pensando que alguien, en algún lugar, está por fin mirando el mar.